Etiquetas

lunes, 18 de septiembre de 2017

"Un siglo decisivo" - Michael Scott

Michael Scott, miembro del departamento de Historia Antigua del Darwin College de Cambridge, se adentra con este ensayo, en el análisis de un siglo que abarca entre el declive de Atenas tras su derrota frente a Esparta en el año 404 a.C., hasta los años posteriores al 313 a.C, año de la muerte de Alejandro el Magno. Atrás quedan los tiempos míticos y gloriosos de la Grecia Clásica del siglo V en los que se desarrollaron la Guerra Médica y las Guerras del Peloponeso. Sin embargo, los cien años en los que se sumerge el autor, sobre todo, los primeros setenta previos a la proclamación de Alejandro como rey de Alejandría, completan un periodo en el que, salvando algunos momentos y batallas de cierta importancia, no se había ahondado ni sumergido a nivel académico ni divulgativo lo suficiente, en tanto en cuanto, muchos de los hechos sucedidos tanto en Grecia como en Sicilia o Asia Menor, merecían cierto estudio y reconocimiento.

Scott, partiendo casi siempre de la posición de una Atenas vencida pero no desaparecida y una Esparta victoriosa y omnipresente pero con cierta falta de visión, presenta al lector, con una prosa ágil y llana, los vaivenes de poder, las alianzas, derrotas y victorias acaecidas en este periodo de tiempo. Atenas se levanta pronto de su derrota, restaurando la democracia en su polis a pesar de la sombra siempre alargada de Esparta, cuyo desarrollo se complica en la historia, sobre todo por su endeble estructura social, con la que debe soportar su gran poderío militar. Mientras y, a pesar de sus guerras intestinas y cambios en el poder, Persia sigue pesando y arbitrando mucho en las decisiones y conflictos de Grecia. Y en tierras lejanas, en Sicilia, la dinastía de Dionisio I y II, se enfrenta a Cartago y no dejan de sentir la influencia de las colonias griegas y el paso por Siracusa de Platón.

Sin embargo, nuevos actores harán acto de presencia en la política y desarrollo de Grecia. Primero y con gran preminencia, Beocia, representada por Tebas y sus generales Pelópidas y Epaminondas, pondrán en jaque las alianzas y el poder de las polis Atenas y Esparta. Las alianzas pueden cambiar, pero durante casi veinticinco años, Tebas impondrá su presencia imperturbable. Ante esto Atenas toma una actitud oportunista en afán de subsistir económicamente a los cambios de poder, mientras Esparta se acerca a un precipicio insondable frente al levantamiento de Mesenia y los Ilotas. Increíblemente ambas ciudades en más de una ocasión plantean aliarse frente a terceros.

Es a partir del 369 cuando un nuevo árbitro hace acto de presencia. Filipo de Macedonia comienza a implantar su personalidad en la historia. Reformador militar revolucionario, hombre capaz de convertir un territorio casi salvaje en una nueva potencia, comienza a participar en la política de Tesalia, chocando de frente con la hasta entonces intocable Tebas, apoyada de una siempre oportunista Atenas. Los conflictos se expanden a la costa norte del Egeo, mientras las alianzas siguen mutando, desarrollando un frentismo en Atenas en contra del Macedonio, de la mano de Demóstenes, auténtico protagonista de esta parte del libro. Finalmente, Filipo se impone a tebanos y atenienses gracias a su victoria en Queronea. El siguiente paso, invadir Persia, pero esto será realizado por Alejandro, hijo de Filipo y coronado tras la muerte de su padre en el 335 a.C.

A partir de aquí, todo, más o menos, suena al lector. La capacidad del Macedonio por conquistar toda Persia y llegar a India. La preocupación en retaguardia frente al levantamiento de una Atenas siempre expectante mantendrá viva la llama en Grecia. Alejandro logrará un sueño imposible, pero morirá joven, en el 313 a.C y a partir de ese momento el imperio se desintegra y se divide entre sus propios generales. Con la muerte de Demóstenes el libro da por terminada una etapa tan gloriosa y conflictiva que no podía quedar en lo más profundo de la memoria. El autor ha caminado a través de grandes personajes, además de los mencionados, como Isócrates, Jenofonte, Lisandro, Argelisao, Aristóteles,  Artajerjes o Darío. Nos ha dado a conocer las diferentes ligas y confederaciones que se formaron alrededor de Atenas, Esparta, Tebas o Macedonia. Ha analizado la presencia imperturbable y casi eterna de Delfos y Olimpia, semillero de algunos de los conflictos más graves del siglo. Y todo ello lo ha narrado con un estilo claro, casi divulgativo y sobre todo muy entretenido. La épica, las traiciones y alianzas, así como la presencia de grandes egos y complejas estructuras sociales y políticas, colman esta centuria enclavada en la antigua Grecia, perfectamente plasmada en este fabuloso y muy recomendable ensayo.