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jueves, 12 de enero de 2017

"Crononautas"

Recientemente Panini Cómics ha publicado un tomo de cuatro capítulos y autoconclusivo, firmado por el siempre sorprendente Mark Millar, acompañado del gran dibujante del momento, Sean Murphy. La historia, como suele ser habitual en Millar, una ida de olla y un juego de saltos en el tiempo, lleno de sarcasmo, chistes fáciles y aventuras para no aburrir a nadie. La historia la protagonizan dos investigadores que tras mandar una especie de satélite espía al pasado, intentan viajar ellos mismos a otros tiempos de la historia. Por un error en el viaje, uno de ellos se pierde en el tiempo, lo que hace que su compañero vaya tras él. Lo que se encuentra resulta tan sorprendente y atractivo que ambos deciden no volver, ante la preocupación de los investigadores del presente, que harán lo posible para que regresen, mientras ellos se meten en más de un problema en sus viajes por el tiempo.
El guión de Millar resulta tan desternillante como caótico. La verdad es que si al leerlo no se pretende buscar los fallos en los viajes y los efectos que pudieran producir en el futuro y presente, el guión funciona. Es rápido, entretenido y muy loco. Otra cosa es que se quiera sacar conclusiones científicas y sus posibles errores de interpretación, sobre lo que supondría a la humanidad que dos viajeros en el tiempo manipulen el pasado a su libre albedrío. Pero creo que este no debe ser el caso, en absoluto. Recomiendo dejarse llevar por un guión muy divertido y lleno de aventuras intertemporales, en las que los protagonistas viajan por distintos planos históricos... absolutamente paranoico.
Pero ¿qué hace que éste cómic sea tan atractivo? Sin duda el endiablado y sugerente dibujo de Sean Murphy. Su viñetas a doble página, la sugerencia de movimiento continuo y el trazo desgarbado pero seguro en sus líneas, logran que, junto a sus ilustraciones de Tokyo Ghost, tengamos dos de los trabajos de ilustración y dibujo más geniales del año 2016. A mi particularmente me encanta como diseña las páginas y juega con la velocidad en sus viñetas. La conjugación de Millar y Murphy, aunque a nivel de guión, no sea un gran trabajo, que no lo es, hacen de este cómic un tomito recomendable, si el afán que se busca es el simple divertimento. Yo me lo he pasado genial, oigan.



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