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jueves, 8 de septiembre de 2016

"La noche es nuestra"


James Gray completó con esta película, una trilogía dedicada a los bajos fondos de Nueva York y a la lucha ética, familiar, de amistad y poder con el protagonismo de la policía, la ley y la delincuencia. Tras realizar dos notables películas como "Cuestión de sangre" y "La otra cara del crimen", el director firma una gran cinta, con la que logra un nivel de gran calidad tanto en su guión como en su cinematografía y montaje.
Bobby Green regenta para un anciano emigrante ruso, un club de moda en Brooklyn. Su negocio prospera, mientras flirtea en su local con ciertos elementos de la delincuencia rusa. Su padre y hermano son miembros de la policía, ambos altos mandos. Su relación con ellos no es muy buena y Bobby dedica todo su tiempo al club y a su novia. Sin embargo, un atentado contra la vida de su hermano, líder de un grupo de investigación contra mafia rusa, provoca en Bobby una reacción que le llevará a acercarse más a su familia y su labor contra el crimen organizado. El precio a pagar será muy caro y las consecuencias terribles.
Película densa y oscura. "La noche es nuestra" narra la lucha interna del protagonista a la hora de decidir si seguir con su vida fácil en el club nocturno de moda, en la que es mejor no mirar lo que sucede a su alrededor, o implicarse con su padre y hermano, en su lucha en las calles de Nueva York, en una batalla en la que la policía pierde hombres una noche sí y otra también. El hecho de sentirse familia, a pesar de las diferencias notables con su padre y hermano, obliga a Bobby tomar un camino, que le llevará a sacrificar una vida de música, drogas y vicio, para introducirse en un mundo de peligro, amenazas y huida continua. Gray logra plasmar en la pantalla, desde el ambiente exuberante de la discoteca y la facilidad de vivir fuera de la realidad, con la vida dura y oscura policial en la lucha contra la delincuencia. La ambientación casi axfisiante de antros, moteles o la misma Nueva York lluviosa y encapotada por las nubes, plasma la lucha a muerte contra la mafia.
A una dirección sólida, en la que Gray se funde con un guión potente, basado en la relación familiar de los hermanos y el padre, se une una capaz versatilidad y buen pulso en el uso de la cámara y ambientes. Sin embargo, lo que logra que esta película resalte es la gran interpretación de sus protagonistas. Joachim Phoenix, Mark Walhberg y Robert Duvall, completan un trabajo de fondo en el que los sentimientos familiares afloran a ras de piel. A estos unimos una formidable y bellísima Eva Mendes, que logra uno de sus mejores trabajos de su carrera. Todos ellos aportan el dramatismo necesario y la implicación justa para hacernos llegar la complejidad de la vida del policía a finales de los años 80, en la que las mafias y la delincuencia, si no campaba a sus anchas por las calles de Nueva York, si que dejaban a su paso un reguero de cadáveres y crimen, sin que la policía, en franca inferioridad, pudiera hacer demasiado. Las armas del crimen no tiene fronteras, mientras que las de la policía, está limitada por la ley. Peligroso y complejo mensaje, que hay que rebuscar en el tramo final de la película.

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