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lunes, 30 de marzo de 2015

"Donde hay agravios no hay celos" - Rojas Zorrilla - Compañía de Teatro Español Clásico

Comedia de alto nivel, la obra de teatro que pude disfrutar en Baluarte de Pamplona hace pocos días. En este caso, la Compañía de Teatro Nacional Clásico, representaba "Donde hay agravios no hay celos" del autor del Siglo de Oro español, D. Francisco de Rojas Zorrilla.
El argumento gira en torno a D. Juan de Alvarado y su sirviente Sancho, que tras regresar de Flandes, llegan a Madrid con la intención, el primero, de desposar a Doña Inés. A partir de esta premisa, una serie de circunstancias rodearan el enredo alrededor de estos personajes y otros que van surgiendo en el argumento. Por un lado, aportando el punto de comicidad justo y genial del autor, el sirviente de D. Juan envió a Doña Inés su retrato en vez del de su señor, provocando un intercambio de personajes para con ello, descubrir la verdadera personalidad de la casadera. Parejo a esto, y aportando dramatismo a la obra, al pasar por Burgos, por la casa natal de D. Juan, éste se entera de la muerte de su hermano y la deshonra de su hermana Doña Ana, a manos de D. Lope, que casualmente se encuentra en la casa de Doña Inés.
Rojas Zorrilla desarrolla, con estas piezas y otras más, una obra basada en el enredo de personajes, que entrecruzan sus deseos, amores y honores, creando una obra llena de peripecias, duelos a espada y palabras de amor. El autor mezcla dos temas tan universales como humanos. Por un lado, los celos, que en principio fuerzan a D. Juan a empuñar su espada, por la desconfianza que muestra sobre el honor de Doña Inés. Por otro, y más grave, los agravios, relacionados con el honor de la familia. En ambos casos, la venganza, el deseo de hacer sangre, llevan al hidalgo a jugar con estos dos temas, frente al que finalmente encontrará, por encima de ellos, al amor. La facilidad con la que Rojas Zorrilla desarrolla la trama, en un verso depurado, ágil y brillante, muestra un autor grande, representativo de lo mejor del Siglo de Oro español, dotando a su obra de la capacidad de mostrar cómo frente al amor, las clases sociales, los orígenes nobiliarios, e incluso el dinero, deben arrodillarse, rendidos ante el poder de cupido.
La capacidad de la Compañía de Teatro Clásico Nacional de acercar estas maravillosas obras al público actual, es merecedora de total alabanza. El escenario, el patio interior de la casa de la familia de Doña Inés, juega con seis puertas y un variado uso de luces y sombras, logrando imbuir al público, del estilo de aquellos escenarios del XVII. Las vestimentas, las de la época. En conjunto, fiel al libreto del autor, se complementa con una actuación depurada y notable de los actores y actrices. David Lorente ejecuta a la perfección el papel divertidísimo de Sancho, logrando arrancar gran cantidad de risas al público presente. Jesús Noguero, firme presencia en el escenario, desarrolla su personaje entre las dudas y los amores de D. Juan. Respecto a los papeles principales femeninos, tanto Clara Sanchís, como Natalia Millán, brillantes, interpretan a Doña Inés y a Doña Ana. Respecto a los demás miembros del elenco, a ninguno debo restarle en prendas. Rafa Castejón y Fernando Sansegundo aportan solidez a sus papeles, de amante y padre. También lo hace, con desparpajo y cierta gracia, Nuria Gallardo, pero no era fácil seguirla en algunos tramos de la obra, debido a una menos segura entonación y vocalización.
En definitiva, una gran velada, divertida, llena de acción y buenas letras. Teniendo en cuenta sus casi 120 minutos de extensión, en ningún caso se me hizo larga, todo lo contrario. Ojalá pudiéramos disfrutar más a menudo de este gran teatro de calidad, tan nuestro y extraordinario.

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