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jueves, 16 de octubre de 2014

"Greystoke, la leyenda de Tarzán"

Hasta 1984, todos teníamos en la mente la imagen del Tarzán interpretado en varias películas por  Johnny Weissmuller. Su grito característico, los juegos con la mona Chita y sus aventuras en la selva, durante los años 30 del siglo XX, dejaron en nuestra impronta una imagen algo romántica e irreal del personaje creado por Edgard Rice Borroughs.
El director Hugh Hudson trasladó a la pantalla, una versión más cercana a la realidad el entorno y vida del personaje icónico, basándose de manera más fiel al primer texto del autor, "Tarzán de los monos". La película narra la historia del heredero de una familia de larga estirpe británica, los Greystoke, que junto a su mujer, realiza un largo viaje, que se ve interrumpido por el naufragio del navío en el que viajaban. Tras sobrevivir a este infortunio, crean un hogar en la selva guineana. La esposa embarazada, muere durante el parto, y el niño, a los pocos días de nacer queda huérfano. Los gorilas de la zona lo adoptarán, llegando a ser con el tiempo, el macho dominante de la manada. Tras sufrir un ataque de los nativos, un explorador belga, lo encontrará y le convencerá para que regrese a Inglaterra. Su llegada a un nuevo entorno, su relación con su abuelo y el encuentro con una muchacha conocida e la familia, crearán ene el heredero una serie de dudas y preguntas, que le forzarán a elegir entre su vida anterior y su situación en una nueva civilización. 
Podemos dividir la película en dos fases. La primera situada en la selva africana. Una segunda, ya en tierras británicas. Ambas recreaciones, están fantásticamente reproducidas en pantalla. Por un lado, la foresta casi agobiante de la selva, las costumbres en la vida de los gorilas y como no, el maquillaje y movimientos de los animales, muy bien realizados, para una época en la que no existían los efectos digitales de la actualidad. Por otro lado, la pomposidad y riqueza de la mansión de los Greystoke, nos traslada a la tradición  de la nobleza británica. Estos dos parámetros, conjugan perfectamente con la visión que le director, quiere aplicar en el choque cultural y ambiental que sufrirá el protagonista.
Precisamente, la personalidad del papel interpretado por un desconocido hasta entonces Christopher Lambert, sufrirá a lo largo de la película una evolución, que lo zarandeará entre la querencia hacia sus raíces y familia adoptiva de Africa y su auténtica naturaleza humana, potenciada por el cariño hacia algunos de los personajes  que le rodean en Inglaterra. Las interpretaciones, resultan notables, sobre todo en dos excelsos secundarios, como Ralph Richardson e Iam Holm. Lambert actúa conforme a las necesidades del papel, de manera correcta. La también debutante Andie MacDowell, comienza a despuntar como una promesa del cine en los 80. En definitiva, una película nada desdeñable, que pone en su lugar al personaje de Tarzán, adecuándose a una época y una realidad más creíble que la transmitida al espectador en las producciones de los años dorados de Hollywood.

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