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miércoles, 2 de abril de 2014

"Misión de audaces"


Este clásico de 1959 dirigido por John Ford, forma junto a la trilogía formada por las películas "Fort Apache", "Río Grande" y "La legión invencible", el particular homenaje del famoso realizador, a la caballería de los EEUU y sus componentes, durante y después de la Guerra Civil Americana.
En este caso la película nos traslada a 1863, cuando ante la dureza de la batalla y la resistencia de la capital confederada, Vicksburg, el general Grant decide mandar caballería unionista para atacar las líneas de abastecimiento de ferrocarril que surten a la ciudad sitiada. Para ello, el coronel al mando, interpretado por John Wayne partirá al sur para internarse en territorio enemigo. Acompañará a la columna un médico militar, con cierto perfil pacifista, encarnado por William Holden, que protagoniza un carácter antagónico al del coronel. En su avance, deberán tomar como prisionera a una dama sudista, para que no delate sus planes al ejército confederado. 
Esta es una de las pocas ocasiones en las que John Ford dirige la confrontación civil americana. Es verdad que se posiciona en el bando nordista, pero a pesar de esta situación, no evita plantear cierta simpatía por los valores de la confederación, sobre todo personificados en la figura de la dama sureña, interpretada por Constance Towers, y también en el momento del desesperado ataque de la infantería confederada en la escena del pueblo. Ante todo, Ford interpreta a la caballería y a los protagonistas de ambos ejércitos con ciertos actos de caballerosidad y honor. Es más, en una de las escenas de la película, Wayne, castiga a sendos desertores confederados y los entrega a la ley, representada en un anciano sheriff del sur. Como siempre, Ford pretende representar en su películas el romanticismo, la dureza, el honor y la dignidad de los hombres que forman parte de la caballería.
Con un gran dominio de la cámara, demostrado en una maravillosa fotografía y en los encuadres, así como en los movimientos de las tropas y una capacidad de dirección inigualable, Ford es capaz de representarnos con cierta belleza y con mucho romanticismo, las cabalgadas y acciones de la caballería. Además consigue incluir en la cinta una velada historia de amor, llena de miradas, gestos y fingidas fricciones entre el coronel y la dama detenida, todo ello bajo la mirada cínica y divertida del médico militar, que ve como poco a poco los alter ego de estos personajes van acercándose, entre el riesgo de la partida y la huida frente las tropas confederadas.
Un gran historia, un clásico memorable, en el que Ford demuestra toda su capacidad directora, tanto de una cámara inigualable, como en su dominio de los caracteres de los personajes, no solo en sus protagonistas, sino también, en la utilización maravillosa de actores secundarios, pilar fundamental en su filmografía.  


4 comentarios:

  1. Clasico de Ford, con todo lo que eso significa.

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  2. Inolvidable film.
    Ah! los secundarios; ya no hay secundarios como los de aquella época.

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