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jueves, 31 de octubre de 2013

"Los muertos viventes" Nº 18

En septiembre salió a la venta el nº 18 de la serie de cómics Los muertos viventes. Como siempre, los protagonistas supervivientes en un mundo ya no tan dominado por los zombies, siguen interrelacionándose dentro de su grupo más íntimo y continúan teniendo contactos más directos y no siempre violentos, con otros supervivientes estacionados en distintos núcleos de refugiados.

En el anterior volumen, el creador de la serie nos presentó a nuevo personaje. Negan, lider de un foco de supevivientes bien organizado, que ejerce su poder en la zona donde se encuentran nuestros protagonistas. No es un lider cualquiera, y en este número podemos analizar su personalidad egocéntrica, sibilina y manipuladora, basada en el miedo y en el dominio de la situación y el entorno. Conforme hemos leído los últimos números, vamos teniendo la sensación de que el problema de los zombies, aún existiendo, ha pasado a un segundo plano. Pequeños grupos humanos se han ido organizando alrededor de líderes más o menos definidos, en lugares protegidos de las mareas de muertos vivientes. Lo que ahora nos encontramos, son diferentes grupos de población o clanes, que luchan por un territorio, dando paso a alianzas y traiciones.


La conclusión que saco, es que Kirkman nos lleva hacia un nuevo comienzo de la civilización, buscando cierto paralelismo lejano con lo que sucedió tras la caída del Imperio Romano. Un nuevo orden se va abriendo paso entre la desolación de la humanidad, perdida, y la carrera por ver quien ostentará el poder en determinados territorios. Es más, al final del número, aparece un nuevo personaje, líder de una comunidad, al que llaman y tratan como un rey. Rick, nuestro protagonista pretende aliarse con él para desbancar al complejo  Negan.

Si bien hay ciertas tramas que se repiten y acaban resultando monótonas, quizás este salto hacia la relación de las distintas comunidades, realce una serie algo desgastada. Lo que está claro es que los zombies se siguen situando en un segundo o tercer plano y realmente, ahora no son ellos el problema, sino la convivencia y equilibrio de los propios supervivientes.

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